La historia de mi parto: el nacimiento de Diego

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¡Finalmente Diego nació el 14 de diciembre a las 22:33! Y hoy por fin tengo un minuto para contarles la historia de mi parto.

Primero las voy a poner en contexto: en la semana 30 estuve hospitalizada un par de días porque tuve síntomas de parto prematuro. Lo que pensé era un dolor de estómago eran en verdad contracciones. Y cómo a Diego le faltaba mucho aún por nacer, me pusieron inyecciones de corticoides para madurar sus pulmones, me dieron reposo casi absoluto por casi un mes y luego me pidió mi ginecólogo que me lo tomara con calma.

Con este antecedente, imaginarán que quedé un poco paranoia, creía que todas las contracciones eran de parto y así nos pegamos un par de idas falsas a la clínica pensando que ya era la hora.

Los controles con el doctor desde la semana 37 ya comenzaron a mostrar modificaciones en el cuello del útero y me parece que en esa semana o la 38 yo ya estaba con dilatación de 1 cm. Fue en esa visita, el 7 de diciembre, cuando el doctor me habló sobre la inducción de mi parto, ya que por lo que mostraban las ecografías, Diego era una guagua grande y querían favorecer la posibilidad de parto normal en vez de cesárea (el parto normal era mi gran sueño!). Me dio tanto nervio y ansiedad pensar que a lo más en una semana lo iba a conocer que salimos casi en shock de la consulta.

Por otro lado, mi matrona me había recomendado tomar mucho jugo de papaya (gasté harta plata en los jugos de papaya marca Saturno, ya que son 100% de la fruta y había en versión light. Lo encontré en supermercados Líder y Jumbo) para estimular las contracciones, tener sexo (el semen tiene prostaglandinas que ayudan a modificar el cuello del útero, es decir, a dilatar) y tomar té de hojas de frambuesa (también está comprobado que facilita el parto estimulando el útero. Lo compré en la tienda de Aldea Nativa y es de la marca Yogi).

Pasaron los días y a pesar de que tenía contracciones, éstas no evolucionaban. Así, el domingo 13 de diciembre en la noche nos alistamos para hacer el ingreso a la clínica de la UC en San Carlos a las 9 am. Pensé que no iba a poder dormir nada, pero dormí de lo más bien, feliz por conocer a Diego al día siguiente.

La historia de mi parto: la llegada de Diego

El lunes 14 de diciembre nos despertamos súper temprano, tomé un desayuno contundente y partimos a la clínica. Nos juntaríamos con la matrona para comenzar con la inducción.

Hicimos el ingreso y nos instalamos en la sala de parto. Comenzaron a monitorear las contracciones y el corazón de Diego y estaba todo súper. A las 10:40 llegó la Maritza, mi matrona para que comenzara la acción. Su plan era ayudarme con unas dosis de misoprostol directo en el cuello del útero, así me puso la primera dosis e hizo un tacto. En ese rato las contracciones aumentaron pero sin dolor. Llegó mi papá a verme y estuvimos los tres con mi pareja conversando. Yo por mientras saltaba en la pelota de pilates para ayudar al proceso.

Al par de horas, o sea, casi a las 12 vino mi matrona a verme y encontró que seguía sólo 1 cm dilatada, volvió a hacerme un tacto (muuuy doloroso, en este minuto pensé que pediría la cesárea de puro dolor) y me puso otra dosis. Al rato ya estaba en 2 cm y seguí en la pelota. Luego de ese segundo tacto, la matrona me dijo que me pondrían la epidural para que pudiera tolerarlos mejor. Ahí me asusté un poco ya que había leído que la anestesia epidural hace que el trabajo de parto se haga más lento, pero ella me dijo que la dosis que pondrían era súper baja.

Sí, que te pongan la epidural es más incómodo que la cresta. Sumado a que la persona que me la puso a mí me iba explicando paso a paso lo que iba haciendo; por ejemplo: “ahora vas a sentir un crujido, eso es porque la aguja está atravesando la capa de no se qué”. Peroooo, una vez que hace efecto es lo más glorioso que te puede pasar en la vida (está en mi top 5 actualmente). Después de eso, los tactos o lo que me hicieran poco me importaba porque no sentía casi nada. Esto fue a las 16 horas.

Acto seguido, la matrona me rompió la bolsa. Salieron como mil litros de líquido amniótico y yo me preocupada de cómo iba a respirar Diego. Sí, las guaguas respiran por la placenta! Pero en ese momento claramente no estaba pensando bien. La guata se achicó de tanto líquido que salió y ya estaba en 3 cm de dilatación.

En este minuto la matrona me dijo que la cabeza de Diego no estaba tan abajo, es decir, no estaba encajada. Tenía 50% de posibilidades de que fuera parto normal, ya que aunque yo me dilatara si su cabeza no bajaba no podría salir vaginalmente. En este minuto las contracciones comenzaron a ser dolorosas, la matrona me bajó la dosis de epidural para que yo pudiera sentirlas y me hicieran más efecto. También me hizo ponerme de costado (ambos lados por un buen rato) con una toalla por debajo de la guata para que Diego pudiera encajarse. Fue en este minuto cuando realmente entendí la frase “las contracciones de parto no te dejarán hablar”, ya que comencé a sentir el dolor, la cabeza de Diego descendiendo y me hablaban y yo quería matarlos a todos, mientras sólo podía hacer sonidos medio guturales.

Desde aquí en adelante todo avanzó súper rápido. Avancé a 4, 5, 6, 7 8 y 9 centímetros de dilatación durante la tarde. Cerca de las 8 o 9 de la noche la matrona me hizo hacer varios pujos de prueba, lo cual fue buenísimo ya que me preparó para lo que vendría después. ¡Diego ya estaba listo para salir!

Llamaron a todo el equipo y de un momento a otro la pieza se llenó de gente: mi ginecólogo (Rodrigo Macaya, lo recomiendo 100%), mi matrona (Martiza Donoso, también es seca, sin ella lo más probable es que la inducción hubiera terminado en cesárea), otra matrona, la anestesista, el pediatra y como 3 enfermeras o técnicos. Las luces se apagaron y dejaron sólo las que apuntaban al “área”. Angelo, mi pareja estaba a mi lado derecho dándome la mano <3.

¡Era la hora de que Diego naciera! Me dijeron que pujara con todas las fuerzas que tuviera, y me lo tomé muy en serio. Después de sólo 4 pujos, Diego Parodi Ulloa nació a las 22:33 del lunes 14 de diciembre: Pesó 3.845 y midió 52 cms. De inmediato lo pusieron encima mío y nos miramos por mucho rato. Yo aún estaba medio en shock, acababa de tener a mi hijo. Luego de eso, y en la misma pieza le hicieron todos los exámenes de rigor (todos súper bien) y me lo volvieron a pasar.

No nos hemos despegado desde ese minuto (puedes ver sus fotos actualizadas en mi Instagram).

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Diego el 15 de diciembre, nació con el pelo largoo y negro!

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4 Comments

  1. Liese Jungebloefg

    enero 31, 2016 at 11:05 am

    ¡Que pena más grande no haber sabido hasta hoy (31.01.2016) que tenías blog!

    Escribes super bien y entretenido y de ahora en adelante lo miraré a diario por si hubieras tenido tiempo de actualizarlo.

    • Fran

      febrero 25, 2016 at 12:51 pm

      Hola Liseeeeeeeeee!!! Sí, hace unos años que lo tengo. Ahora con Diego estoy FLOJA y cansada para actualizarlo más, pero haré esfuerzo. Loveu

  2. Liese Jungebloedt

    enero 31, 2016 at 11:07 am

    Tenía que meter las patas y escribí mal mi apellido. Aqui va corrección.

  3. Pingback: Karla Bedoya: una súper fotógrafa - Franuyeah!

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